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Hay una crema guatemalteca que se vende hace más de 70 años. No la creó un laboratorio millonario, la creó un farmacéutico que no sabía decir que no. Corría 1953 en una pequeña farmacia del centro histórico, Don Guillermo Méndez Santizo, al que todos llamaban Don Yemo, atendía a sus clientes como que si fueran de su familia. Un día llegó un señor desesperado, su mamá tenía las piernas de úlceras. Habían probado de todo, nada funcionaba y los médicos ya no sabían qué hacer. Don Yemo pudo haber dicho, lo siento, no tengo nada para eso, pero no lo hizo. Le dijo al señor, deme unos días y se metió a la trastienda de farmacia. No era dermatólogo, tampoco químico farmacéutico con algún posgrado. Era un boticario de barrio con un mortero, frascos viejos y un instinto que pocas veces se enseñan las universidades, la empatía. Empezó a mezclar óxido de zinc, aceites, la nolina, probando una fórmula y luego otra, hasta que dio con una pasta espesa y blanca. Se la entregó al señor y se olvidó del tema. Semanas después, el mismo señor visitó en su farmacia, pero esta vez no venía llorando, venía sonriendo. Su mamá se había curado, las úlceras habían desaparecido. El boca a boca explotó, la gente hacía fila afuera de la farmacia. Don Yemo tuvo que dejar de venderla en frasquitos sueltos y fundó un laboratorio de verdad. Así nació Laboratorios GMS. Y aquí viene lo increíble, esa fórmula que nació por una emergencia, hoy se fabrica por miles de unidades al día. Se exporta a México, Centroamérica y hasta a Estados Unidos. 70 años después, las pomadas GMS siguen vendiéndose en las farmacias y casi no ha cambiado nada. Pero la historia no termina ahí. Don Yemo no solo construyó una empresa millonaria con sus ganancias, fundó una escuela gratuita para niños de escasos recursos, una escuela que sigue funcionando hasta el día de hoy. Y esta es la lección de negocios que nadie te enseña. Don Yemo no creó la GMS pensando en hacerse rico, la creó porque alguien lo necesitaba, resolvió un problema real y el dinero vino como consecuencia, no como un objetivo. ¿Cuántos emprendedores hoy hacen las cosas al revés? Buscan primero la plata y no el propósito. ¿Conocías la historia de Don Yemo? Si te gustó, guarda este video y sígueme para más historias de emprendedores de Guatemala haciendo la diferencia.