Hook
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12 años escuchando advertencias sobre la inteligencia artificial. Pero quizá porque sabíamos muy lejos, nada se brotó tanto como lo de la semana pasada. Cuando el ingeniero Jacob Kopsom renunció a su trabajo en una de las mejores empresas de inteligencia artificial, Anthropic, para decirle al mundo que en 4 años la especie humana puede desaparecer. Y se sacudió el mundo. Y el primero que brincó fue el que era su jefe. Y no, no salió a regañarlo, ni a decir que había renunciado por ardid o esas cosas. Salió a decir, tiene razón. El sábado Darío Modey, el CEO de Anthropic, creadora del chatbot Claude, publicó un ensayo de varios párrafos con un llamado para que las empresas desarrolladoras de inteligencia artificial abran el acceso a sus sistemas de supervisión independientes para que revisen las medidas de seguridad. Dos, que las empresas de naciones democráticas democráticas exijan a los países autoritarios que impongan un freno a sus esfuerzos por mejorar la IA. Y tres, si le pareció raro que un jefe saliera a darle la razón a su empleado que había renunciado. Espérense lo que siguió. Todos los competidores de ese jefe salieron a decir, tienen razón. Sí, hay que hacerlo. Y lo apoyaron. Y los moss, el dueño del chatbot de los autos inteligentes Tesla, lo apoyó. Y lo apoyó Sam Altman, el CEO de Open AI, la empresa que desarrolló chat GPT. Lo apoyó Demis Hassabis, el de los laboratorios de inteligencia artificial de Google, el de Gemini. Lo apoyó Satya Nadella, el de Microsoft.