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El día de hoy te voy a contar la historia de un abogado en Chile que subió más de 38.000 documentos legales a la plataforma del poder judicial en un fin de semana con inteligencia artificial. Esto parece una locura o el argumento de una película de hackers, pero realmente pasó en Chile hace solamente algunos días, hace un par de semanas. Resulta que un abogado chileno que se llama Polchotó dejó de trabajar para varios clientes bastante grandes en Chile, principalmente del sector retail y de la banca. Estaban entre ellos Banco Santander, unas tarjetas de crédito que se llaman Sencosud y una caja de compensación que se llama Los Andes. Por ley en Chile, cuando un abogado deja de representar a una empresa, no puede simplemente desaparecer, tiene que avisar formalmente al tribunal causa, un trámite que en el mundo legal se conoce como renuncia de patrocinio y poder. El problema es que estas mega empresas tienen miles de juicios activos al mismo tiempo y el abogado llevaba muchísimos de estos casos. Hacer este trámite de forma manual uno por uno implicaba pasar meses frente a la computadora haciendo clicks repetitivos, aburridos y mecánicos, una tortura para cualquier persona. Realmente, pero como estamos en plena era de la inteligencia artificial, el abogado pensó, ¿por qué no en vez de pasar meses trabajando como un robot, puedo programar un bot con inteligencia artificial? Y lo que hizo fue implementar un script o una inteligencia artificial en piloto automático para que haga este trabajo por él y fuera levantando sus escritos uno por uno. Y vaya que funcionó. En solo dos días, su sistema ingresó exactamente 37.477 escritos a la oficina del poder judicial virtual. Estamos hablando de una avalancha entre 500 y 900 documentos cargados por cada tribunal civil en un tiempo récord. La plataforma informática del estado aguantó, pero estuvo sudando bastante frío. De hecho, los expertos del sector decían que si el bot hubiera metido unos 2.000 escritos más, probablemente el sistema completo se hubiera caído por días. El verdadero colapso no es digital, sino humano. Subir archivos toma segundos, pero un funcionario de carne y hueso tiene que abrir ese archivo, leerlo y tramitarlo uno por uno, esos 38.000 papeles. Nadie en los tribunales, por supuesto, está preparado para procesar tanta cantidad en un solo día o de un día para otro. Normalmente se reciben unas 2.000 peticiones un día cualquiera, pero se encontraron con 5.000 o más por cada uno de los juzgados. Obviamente, los jueces se espantaron y acusaron al abogado de un uso abusivo de las herramientas tecnológicas y de generar un caos que retrasa los juicios de todos los demás ciudadanos. ¿Qué hicieron? Le pidieron a la Corte Suprema bloquear la dirección IP del abogado y prohibir el uso de la inteligencia artificial para subir escritos hasta que exista una regulación clara. Incluso el abogado arriesga sanciones disciplinarias y una denuncia penal. Y sí, de acuerdo, el Saúl Goodman chileno se esquizo un poco, se volvió loco y realmente tiró un camión de papeles de un día para otro. Pero es válido hacernos una pregunta, desde mi ignorancia legal, el problema es el abogado que automatizó un trabajo o el problema es el sistema judicial que sigue en un proceso burocrático del siglo pasado. No sería mejor apurar la modernización y que el propio poder judicial procese estos trámites con inteligencia artificial en vez de simplemente prohibir la tecnología para todos los que quieran usarla. Al final, la automatización controlada aceleraría la justicia para todos. ¿Qué opinan ustedes desde su trinchera? ¿Creen que esto fue un abuso procesal o una genialidad incomprendida que desnudo realmente las fallas del sistema judicial en Chile? Los leo en los comentarios, seguimos en contacto, cuídense mucho, bye.