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El negocio del pollo a la brasa representa el 2% del PBI peruano y nadie está hablando de eso. Cada año abren alrededor de 600 nuevas pollerías. Del propio tienen la tasa de cierre más baja de todos los sectores de restaurantes del Perú. Mientras muchos aparecen y desaparecen las pollerías, 1000 hay. Porque el peruano puede dejar muchas cosas, pero muy difícil a la brasa. ¿Por qué es que sobrevive este sector? ¿Por qué es que sobreviven las pollerías? Creo yo que te puedo dar unas cuatro razones. Uno, demanda inelástica. La demanda del peruano come pollo a la brasa en bonanza, en crisis, en apagón, en campaña política. Dos, ticket universal. A 80 soles las pollerías caben en el bolsillo de todos los peruanos. Tres, producto replicable. La brasa y la marinada le dan un toque especial, pero una vez que puedes replicar eso, el cielo es el límite. Cuatro, la alta rotación. Que se llena, mesa que se va, es una rotación muy rápida. Además, el delivery casi el 36% de las ventas. A veces es el negocio más inteligente, no resulta ser el más tecnológico, ni el que consigue inversión millonaria. A veces el que logra convertirse en un hábito y pocos hábitos son tan fuertes en el Perú como reunirse a la brasa. Quizás el vender pollo a la brasa en el Perú no sea el negocio más innovador, si es el más resistente, porque las modas, la tecnología, cambian, pero el peruano encuentra una excusa a la brasa para comer su pollo a la brasa.